Cuando tenemos puesta la vista solo en los objetivos, en los plazos, en la rentabilidad, nos olvidamos fácilmente de ser amables con los demás, para obtenerlos. Nos solemos concentrar en las metas, y no vemos que el proceso para conseguirlas, podría ser más humano, e incluso fácil y efectivo, si fuéramos amables.

La idea que tenemos muchas veces, es que ser serio, tajante, hasta antipático y borde, parece estar más en consonancia con aquello que queremos conseguir. Pues creemos que la imagen que proyectamos de autoridad, de distanciamiento, concuerda más con el prototipo de una imagen aséptica relacionada con un mayor logro.

Sobre todo, cuando se habla de dinero, ser poco afectivo, nos da muchas veces la impresión de que va más con el mensaje de ganancia que tratamos de transmitir. Al final, de tanto creerlo, nos ponemos la capa de “tipo duro y serio”. Puede que sin necesidad. Pero el hecho, es que se puede ser muy serio y responsable, siendo también amable. Por el contrario, una actitud de amabilidad, vende más, porque nos da más confianza al hacernos sentir más cómodos.

La amabilidad se puede confundir con ser débil, o incluso con la idea de que quien es demasiado amable, es porque tiene segundas intenciones, por tanto, hasta puede crear desconfianza, sobre todo en los desconfiados. Otras veces, tenemos la idea de que no se puede ir por la vida siendo demasiado amables, pues de esta forma, te consideraran débil y por tanto susceptible de ser utilizado, engañado, o mal tratado.

Pero nos olvidamos a menudo de que la amabilidad, lejos de ser debilidad o engaño, es una práctica muy positiva, y una ventaja competitiva. Comunicar con el cliente de forma efectiva, significa también, tener habilidad para escuchar y hacerle feliz, en el momento en que interactuamos con él. Ser amable, es tener un trato fluido con los demás, y conseguir dar la impresión de que tenemos el tiempo necesario para escuchar, y que lo hacemos con gusto. Esto, despierta actitudes receptivas y generosas.

Ser amable con nuestro entorno, atrae la positividad y la buena comunicación. Ser amable no es ir de simpático, ni tratar siempre de agradar. Tan solo significa, hacer nuestro trabajo teniendo en cuenta que el otro ser humano, tiene nuestras mismas necesidades, y que estamos tratando a los demás como nos gustaría a nosotros ser tratados.

Si aún tenemos cosas que resolver a nivel personal y emocional, encontraremos más barreras para usar la amabilidad. Pues la amabilidad empieza por serlo con uno mismo, y es difícil si no nos hemos aceptado primero.

Si cultivamos la ira, tendremos ira, y nos comunicaremos con ira, más o menos solapada, pero que acaba traspasando, aunque no queramos. Si nos movemos con desconfianza, obtendremos alejamiento y más desconfianza. Si tratamos a otros con desdén, obtendremos indiferencia y más alejamiento.

Si cultivamos la amabilidad, empezando por ser amables con nosotros mismos, obtendremos respuestas más efectivas por parte de los demás. Interesante en un negocio o relación laboral, o para lograr algun propósito.

Ser amable también implica ser considerado con los otros, y educado. No podemos olvidar que cualquier persona merece el respeto y la consideración, y que esta consideración pasa primero por practicar unas normas de educación.

Por tanto, la amabilidad, como norma a seguir en la vida, e incluyéndolo en nuestra práctica habitual de ser y estar en el trabajo, hará que tengamos relaciones más efectivas que redunden en un desempeño mucho más competitivo, y en un mundo mejor.

Entonces, que os parece ¿qué mejor recurso, personal y profesional que ser amables?

 

Red Harvey